Silvia Vieira: “Rumanía es un país con muchas historias, con mucho folklore, es un país misterioso que me gustaría desentrañar”

Talía Delgado November 21, 2018 0
Silvia Vieira: “Rumanía es un país con muchas historias, con mucho folklore, es un país misterioso que me gustaría desentrañar”

Foto: S.V

Silvia Vieira es una fotógrafa de Oporto, especializada en fotografía antigua, que inaugura en Bucarest “Espejos Interculturales” una exposición organizada por el Instituto Cultural Portugués dentro del marco del Año del Patrimonio Inmaterial,que muestra los paralelismos entre Rumania y Portugal dejando que sea el público el que juegue a identificar los lugares dónde se tomaron las fotos ¿será Portugal o será Rumania?.

Mi pasión por la fotografía comenzó muy temprano, a los 16 años. En el instituto teníamos clases de fotografía en un laboratorio donde podíamos revelar y me fascinaban estas clases, entonces estudiaba Arte, sobre todo pintura y fotografía y posteriormente me inscribí en la Facultad de Bellas Artes con el objetivo de ser pintora pero no pudo ser, intenté con la escultura por un tiempo y finalmente me quedé en la parte de restauración. Estaba muy enfocada en el arte pero entonces nació mi primer hijo y tuve que dedicarme a ganar dinero y a ocuparme de mi familia con lo cual comencé a trabajar en una constructura dibujando planos y edificios, me quedé allí varios años hasta que debido a la crisis del 2008 me despidieron.

En aquel entonces estaba casada, con mi ahora ex marido y padre de mis hijos, un ingeniero civil que viajaba a varios países del mundo por lo que pasábamos bastante tiempo separados, justo al quedarme yo sin empleo a él le destinaron a Angola y cansados de estar separados decidimos irnos con los dos niños para allá. Angola significó para mí el regreso a la fotografía, durante el año que estuvimos allí tomé mi cámara y me puse a fotografiar todo lo que me rodeaba, para mí era un nuevo inicio, un país completamente diferente con cosas, gente, colores que nunca había visto. Poco a poco comencé a hacer un portafolio no sólo con las fotos que tomaba allí porque realmente nunca había perdido el contacto con la fotografía incluso mientras trabajaba en la empresa de construcción siempre tomaba fotos, de viajes, vacaciones, eventos familiares y cualquier cosa que pudiera fotografiar.

Al año regresé a Portugal por motivos personales y empecé a estudiar fotografía durante dos años tras los cuales obtuve mi diploma oficial de fotógrafa. Entonces comencé a hacer mis propios proyectos y monté mi estudio en Oporto dedicado a la fotografía analógica, a antiguas técnicas fotográficas, adoro la forma en la que se hacían antes las fotos pero lo compagino con trabajos digitales digamos cosas más comerciales como eventos, retratos, campañas etc. Este año recibí una propuesta del Instituto Cultural Portugués en Bucarest para realizar un proyecto sobre el patrimonio inmaterial de ambos paises. Así es como llegué a Rumania por primera vez y durante dos semanas visité Bucarest, Constanța y Brașov.

Antes de venir a Rumania no sabía nada salvo Drácula, tenía esa romántica idea sobre el mito, la película que adoraba desde que era adolescente y el castillo de Bran. Tuve que sacarme todo eso de la cabeza con la ayuda de Bianca, la novia rumana de mi hermano. Me puse a estudiar un poco sobre el Comunismo, y me dediqué a buscar e investigar los paralelismos entre ambos países, fechas, datos y sobre todo la historia. Luego alguién me comentó algo sobre un Museo del Kitsch en Rumania y me puse a mirar si podría utilizar algo, luego leí sobre los gitanos porque pensé que sería importante conocer algo sobre su historia, tenía varias direcciones pero ni una sóla idea clara.

Al llegar me sorprendieron los contrastes, los edificios antiguos, en algunas partes incluso con gitanos viviendo allí en contraposición con esa otra parte de la ciudad más europea. En Bucarest lo que más me llamó la atención fueron los parques, tomé muchas fotos en los parques porque era como un mundo paralelo dentro de la ciudad, en medio de la semana la gente navegaba en barca, paseaba con sus familias, otros trabajaban en el parque.

Inicialmente buscaba cosas que tuvieran en común Portugal y Rumania, por ejemplo cosas que la gente tiene en su casa, fui al Museo del Kitsch y allí encontré muchos objetos similares por ejemplo los paños de ganchillo y los tapcies que mi abuela también ponía en la pared. Luego pensé que quizá sería mejor simplemente buscar detalles como por ejemplo a través de retratos de la gente, ver sus expresiones y compararlas, posteriormente decidí buscar cosas desconocidas o fuera de lo común metiéndome por calles adyacentes y rincones menos transitados buscando porciones de vida diferentes a las habituales, fui al Lago Vacaresti que me fascinó y quise conocer gente que viviera allí pero fue muy difícil sin hablar el idioma. Hablé con gente por la calle pero para pedir indicaciones, en general la gente era muy amable quizá un poco más cerrados que los portugueses que empiezan a hablar y nunca se callan, pero supongo que el clima quizá influye en la forma de ser de la gente.

Bucarest me pareció como cualquier otra ciudad europea, no veía tantas diferencias con otras ciudades portuguesas y no paraba de preguntarme cómo voy a hacer este proyecto porque no puedo decir en Bucarest me pido un expreso y en Portugal también, no era el tipo de cosas que quería hacer, me interesaba más la gente, sus gestos su día a día. Tenía una vaga idea de lo que quería pero ni idea de donde encontrar los temas. Me dedicaba a ir explorando posibilidades y me sentía completamente ciega en Rumania.

Durante cinco días estuve completamente bloqueada, sin tener ni idea de que hacer, que camino seguir para poder llevar a cabo este proyecto. Fue entonces cuando decidí que necesitaba salir de Bucarest y ver otras cosas porque la ciudad en sí me parecía similar a cualquier otra urbe europea y pensé que contrastando con otras ciudades quizá encontraría la inspiración. Decidí visitar Brașov y Constanța .

Bianca, la novia de mi hermano, es de Brașov y me puso en contacto con algunos de sus amigos para que me ayudaran si bien debieron de pensar que quería tomar fotos turísticas y tomé alguna que otra pero seguía sin encontrar el hilo. Me fui a Constanța y allí me sorprendio completamente el Mar Negro, comparado con el Atlántico parece un lago tan tranquilo. Estuve contemplando el mar durante dos horas pensando, escribiendo, el mar siempre me da una extraña calma. Paseé por la ciudad y me paré a observar a la gente, a observar como descansa, que hacen en su tiempo libre. Regresé a Bucarest sintiendo que finalmente había encontrado mi camino, tenía unas cuantas fotos que me gustaban y pensé que podría seguir explorando la forma en la que pasa su tiempo libre. Quizá indirectamente estaba relacionado con el agobío que sentí durante los primeros días en la ciudad con ese ritmo frenético y la presión del proyecto que acrecentaban mis ganas de descansar.

Cuando regresé a Portugal tomé fotos sobre ese mismo tema como descansan los portugueses. Además en ambos países retraté sus creencias, el aspecto religioso de sus vidas, en Portugal también somos muy religiosos. Me gustó la idea de explorar como la iglesia forma parte también del tiempo libre. Yo no soy religiosa pero admiro a la gente que cree y que considera sus creencias parte de su vida incluso a veces me parece que son más felices que la gente que no cree en nada. Me encanta que miren en su interior y pasen tiempo consigo mismos.

Durante esas dos semanas en Rumania aprendí muchas cosas, sobre todo porque no tenía ni idea de que esperar, ha sido toda una sorpresa. Ahora que la conozco mejor me he olvidado de la idea preconcebida que tenía sobre el país. Cuando tomé el avión para venir por primera vez uno de los pasajeros era un chica gitana rumana de las que solemos ver por las calles de Portugal y estaba montando un escándalo por algo que había sucedido. Tomé mi móvil y le mandé un mensaje a una amiga diciendo “para que veas una chica rumana liándola para variar tal y como vemos a diario en nuestras calles”, como si fuera algo totalmente rumano, algo que definía lo que era Rumania. Ahora esa idea se ha desvanecido, ha desaparecido de mi mente, no recuerdo ni siquiera haberlo vuelto a mencionar, es uno de mis mayores aprendizajes de esta experiencia. Rumania es un lugar donde no me importaría vivir, me gusta el paisaje, la gente, me siento cómoda y me encantaría visitar otros lugares en cuanto pueda.Es un gran país con muchas historias con mucho folklore, es un país misterioso que me gustaría desentrañar y explorar en profundidad.

La exposición puede visitarse en Arcub de Lipscani, Sala Cafenea, desde mañana hasta el hasta el 5 de diciembre, de 14 a 20.

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