Miguel Sánchez: “Considero que los obstáculos se los pone uno mismo”

Talía Delgado June 14, 2012 7
Miguel Sánchez: “Considero que los obstáculos se los pone uno mismo”

Foto: MS

A los 12 años decidió explorar ese mundo del que tanto había oído hablar a su tío, un comunista que le había despertado la curiosidad por entender por qué unos tienen tanto y otros no. Decidido, se marchó para ver con sus propios ojos lo que significa la vida. Abandonó su ciudad y empezó a curtir su espíritu aventurero que le ha llevado a realizar hazañas dignas de los antiguos exploradores como recorrer el Danubio durante 75 días en canoa desde Alemania hasta Rumania. Tras probar suerte en varios oficios una beca de estudios lo trajo a Rumania en 1986.

Miguel es una persona hecha a si misma tiene ojos vivos y un gran sentido del humor. Positiva por naturaleza considera que la vida es una gran aventura llena de retos y que los únicos obstáculos que existen son los que uno mismo se impone.

Este exportador de café colombiano-rumano de 47 años, habla pausado y sereno, sonríe con los ojos mientras saborea cada anécdota vivida en Rumania, un país que considera ya su casa. El rumañol  se va entremezclado con la jerga colombiana durante la conversación que recorre no sólo su experiencia personal sino también parte de la reciente historia rumana.

Su llegada a Rumania le supuso un contraste tremendo.

Yo soy de una ciudad de Colombia llamada Cócuta, situada en la frontera con Venezuela, con una temperatura anual de 35 grados. Con decirte que allí con 20 grados la gente se pone el saco (chaqueta), porque le parece que hace frío. Y yo llegué a Rumania en el mes de enero de 1986 que fue un invierno tremendo, con mis zapatos de verano, en manga corta y lo que yo consideraba una chaqueta para el frío. Nada más llegar mi equipaje se perdió. No sabía nada de rumano, y con el inglés me defendía un poco. Lo primero que hice cuando salí del aeropuerto fue caerme debido al hielo. Le di al taxista la dirección de la Facultad de Agronomía y en la portería revisaron mis documentos y llamaron por teléfono a unos latinos que estudiaban allá que me recogieron y llevaron al “cămin” (residencia). Mi maleta llegó a los quince días con menos de la mitad de las cosas. Ese fue mi primer golpe rumano en lo físico y espiritual” dice riendo.

Obtuve una beca en Colombia para estudiar en Rumania porque yo sabía matemáticas y cuando llegué aquí me di cuenta que no sabía matemáticas. Fue un año preparatorio durísimo porque para poder adaptarme a los estudios y al nivel de los compañeros tenía que estudiar 24 horas. Me di cuenta de que era muy difícil y decidí cambiarme a otra facultad. Necesitaba una universidad que me dejara tiempo libre para poder trabajar y estudiar. Y me puse a hacer Agronomía y soy ingeniero agrónomo. Mientras tanto comencé a trabajar con una empresa que exportaba automóviles Dacia a America Latina. Los representantes de la empresa eran colombianos y me llamaron de mi embajada para ayudar a estas personas y así me convertí en representante de esta empresa en Rumania. Enviamos más de 100.000 Dacias a América Latina, cada quince días enviábamos un barco y durante tres años esto hicimos”.

Lo que más le sorprendió de Rumania fue el hecho que no había de nada. “Si tú a alguien que no ha vivido el Comunismo le cuentas como era entonces no te cree. La gente se pasaba dos y tres días en una cola, durmiendo allí con su silla, su cobija (manta) y sólo porque se había corrido el rumor de que podía ser que trajeran comida y a lo mejor se pasaban ese tiempo ahí para coger 2 o 3 kilos de carne si es que llegaban a cogerlos. Recuerdo también la falta de luz.”

 “En los “cămine” (residencias) estudiantiles, los alumnos extranjeros durante el Comunismo, fueron privilegiados. En esa época los rumanos no podían tener ningún contacto con extranjeros entonces en las residencias, estaba el edificio para los hombres, el edificio para las mujeres y el edificio para los extranjeros.

En el de los extranjeros siempre estaba la policía, con sus perros vigilando y tan sólo nosotros podíamos acceder. Y digo que éramos privilegiados porque teníamos luz todo el día, teníamos agua caliente entre las cinco y las ocho de la mañana y las 17 y las 22 de la noche, los rumanos en cambio tenían agua caliente una hora al día y luz de las 5 a las 8 de la mañana y de las 17 de la tarde a las 22 de la noche.

Eso eran cosas que te chocaban y te preguntabas ¿cómo es posible?. Yo cuando me vine aquí pensaba eso es Europa una civilización que es superior a lo que nosotros teníamos entonces allí en mi país. En mi país se trabajaba desde los 70 con tarjetas de crédito, cajeros automáticos, cheques y las primeras computadoras y cuando llegué aquí no existía nada de eso. Si ibas a un almacén todo se anotaba a mano, las registradoras eran de manivela y eso te impresionaba. Aparte que en los almacenes alimentarios sólo encontrabas bebidas y conservas de pescado, sardinas, otras conservas que venían de Vietnam y no encontrabas absolutamente nada.

Los extranjeros en cambio podíamos acceder a cualquier restaurante, a las discotecas que entonces se pagaban en dólares, mientras que los rumanos no podían. Había almacenes en los que podías pagar en dólares y ahí conseguíamos más cosas. Además como estudiantes podíamos salir del país en las festividades oficiales como el 1 de Mayo o en vacaciones. Nos daban un permiso en la universidad porque al ser becarios sólo podíamos salir con su autorización. Entonces aprovechábamos y comprábamos cosas.

Eran contrastes tremendos. La gente decía que no había nada pero ibas a casa de un rumano y el frigorífico estaba lleno porque todo se podía encontrar en el mercado negro, el problema es que tenían dinero pero nada qué comprar. Resultaba difícil entender todo eso pero bueno te vas adaptando y te haces al ritmo de vida.

Durante mis tres meses de vacaciones buscaba algo que hacer y salía del país a trabajar y solía irme a Suecia y trabajaba en un restaurante, lavando platos, en hoteles lo que fuera porque se pagaba bien. Yo lo hacía porque a diferencia de a otros a mí no me mandaban dinero desde mi casa, no tenía a nadie que me enviara y tenía que buscarme la vida. De los tres meses trabajaba dos y el tercero me dedicaba a viajar y con lo que me quedaba de dinero tenía para vivir un año entero en Rumania. Porque claro en esa época todo se hacia “la negru” (ilegal) incluso el cambio de divisa con lo cual en un banco te cambiaban un dólar por un leu mientras que en el mercado negro eran 10 leis. Y así funcionaba también en el resto de países comunistas porque lo vi durante mis viajes a Polonia, Bulgaria, Alemania del Este. Mientras tuvieras dólares todo te iba bien.

Con 100 dólares vivías sabroso. Para que hacerte una idea de cómo era para los extranjeros el primer año me daba el lujo de desayunar en el Intercontinental, almorzar en el Capșa y comer en el Habana que ahora es un casino pero antes era un restaurante cubano, todo el personal era cubano desde el mesero (camarero) al cocinero. Y eso te costaba nada cosa que ahora es imposible de hacer”.

La Revolución rumana le sorprendió en Estocolmo de camino de regreso a Colombia para recuperarse de una negligencia médica fruto de una operación de meniscos en Rumania por la que a punto estuvo de perder ambas piernas. Si bien su afán aventurero le llevó de regreso a Rumania días después de haber partido.

“El día 17 de Diciembre recuerdo que se empezaba a hablar en Rumania de la cuestión de Timișoara. Yo tenía mi billete para irme a Suecia desde donde el 30 de diciembre salía mi vuelo desde Estocolmo para Colombia. Cuando llegué a Estocolmo me puse a ver la televisión y se hablaba de revolución y de Ceaucescu. Yo tenía un amigo periodista chileno que vivía en Suecia con el que había recorrido el Delta del Danubio y cuando se enteró de lo que sucedía en Rumania me llamó y me dijo: Miguel por qué no nos acompañas a Rumania para traducirnos lo que esta pasando. Le dijo listo vámonos. Y regresé a Rumania. Éramos cinco personas: tres periodistas independientes suecos, mi amigo el chileno y yo. Llegamos a Budapest el día 22 de diciembre para coger el tren de enlace hacia Rumania, no subimos en el tren y en la frontera entre Hungría y Rumania nos bajaron del tren y nos dijeron: si quieren continuar hasta Bucarest háganlo a pie. Porque creo que ya habían capturado a Ceaucescu. Así que regresamos a Suecia porque no teníamos ningún tipo de seguridad ni sabíamos que estaba pasando en el país.

Me fui a Colombia y regresé seis meses después, técnicamente me perdí la Revolución pero cuando regresé llegué directamente a la Mineriada. Fue justo al día siguiente de llegar, estaba por el Intercontinental cuando me vi en medio de ese lío y ufff casi no escapo, creí que nos mataban.

Pensé que tras la caída del Comunismo Rumania sería de los primeros países en salir adelante. Así creían muchos de mi entorno. Yo me movía en un entorno más bohemio de artistas, intelectuales que estaban en contra de Ceaucescu y hablando con ellos veías el descontento de la gente y el deseo de cambio. Cuando llegué me di cuenta de que la gente lo único que quería era que le abrieran las puertas, y me dio la impresión que la libertad se convirtió en libertinaje. La libertad significaba más que nada tener un pasaporte y poder irse a comprar cosas a otro país. Creo que durante la Revolución comenzó esa lucha de clases de los que tenían como hacían para sacarlo del país y los que no tenían cómo hacían para tener”.

Miguel considera que lo que más le ha ayudado a adaptarse al país ha sido su forma de ser y no considera que haya tenido que superar obstáculos insalvables.

Considero que los obstáculos se los pone uno mismo, y no son cosas que no se puedan sobrepasar. Porque si como extranjero llegas a un país y empiezas a pensar que bien era en mi país, mejor me regreso a mi país y listo. Si te vienes tienes que aceptar las cosas tal y como son. Teniendo en cuenta que yo desde lo doce años vivía solo y había vivido situaciones difíciles cuando llegué aquí no era nada difícil estar en una comunidad que podía ofrecerte una beca de estudios. Tienes que adaptarte al lenguaje, y a las cosas básicas o a la temperatura pero al resto no”.

Algo positivo de Rumania para Miguel es que aún la gente mayor tiene esperanza aunque por otro lado le parece negativo el hecho de que los jóvenes no tienen ningún rumbo, ni nadie que los guíe porque la clase política deja mucho que desear. Comparado con Colombia Rumania es para él un país bonito en muchos aspectos.

La mayor ventaja que le ha ofrecido Rumania junto a formar una familia ha sido el haber podido terminar una carrera. Rumania le ha ofrecido la posibilidad de demostrarse a su mismo que como persona podía hacer lo que quisiera y cree que esta ha sido su mayor ganancia. “El haber venido a este país me ha abierto muchas posibilidades como extranjero o como persona que tienes un espíritu libre, que quieres conocer, pasear, que quieres hacer y es lo que he hecho aprovechar la ocasión y disfrutar”.

La peor experiencia que recuerda es el hecho de perder parte de la familia en Colombia y no tener la oportunidad de llegar, la distancia.

“A Colombia se tardan unas 16 horas. Cuando murió mi papá por ejemplo fue muy duro, fue difícil, quizá eso haya sido de lo más difícil. El resto no, yo siempre he sido optimista y me digo que cualquier cosa no puede durar más de 48 horas. Si tengo problemas los trabajo, busco como lo puedo resolver si no lo dejó a un lado y al día siguiente encontraré la solución. Y cualquier cosa tiene solución.”

Su próxima aventura pendiente es recorrer el Camino de Santiago partiendo desde Francia en un mes y la siguiente está aún por escribirse.

7 Comentarios »

  1. Alex June 14, 2012 at 14:54 - Reply

    Esta entrevista es un aliciente para seguir adelante con lo que uno se proponga. ¡Felicidades Miguel por compartir tu historia!

  2. Carlos Ruiz Bodero June 14, 2012 at 16:37 - Reply

    Me impresiono mucho esta historia,he vivido algo similar la diferencia es que yo estuve presente en la ciudad donde empezo la llamada revolucion,pues estuve esperando la fecha para dar mi tesis de doctor ing. las experiencias a veces superan la realidad.Sigan con este trabajo que esta muy interesante,saludos desde Timisoara.

    • Hispatriados June 14, 2012 at 17:27 - Reply

      Muchas gracias Carlos por los ánimos y si alguna vez te animas a contarnos tu historia somos todo oidos.

  3. jordi June 16, 2012 at 07:38 - Reply

    Muy buena entrevista. Y ademas optimista, que es lo que hace falta. Yo creo que irse a tomar un café con MIguel debe ser una experiencia, con todo lo que puede contar. Y mas si el café es colombiano

    • Hispatriados June 16, 2012 at 12:26 - Reply

      Damos fe de ambas cosas Jordi. Gracias por leernos.

  4. Ignacio September 13, 2012 at 00:14 - Reply

    Me gusta la experiencia que relata Miguel. sus comentarios sobre la revolución y las colas en la época comunista, su viaje a través del Danubio

  5. ROBERTO January 15, 2013 at 00:41 - Reply

    TODO UN SABIO MIGUEL , MIS RESPETOS

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