El Pasaje Macca-Vilacrosse

Talía Delgado April 24, 2012 2
El Pasaje Macca-Vilacrosse

Foto: Andreea Prelipcean

El olor de las narguiles te atrae hacia un arco situado frente a la Banca Nacional de Rumania. Un arco coronado por cuatro estatuas que se llevan las manos a la cabeza advirtiendo al viajero, al igual que en las antiguas fábulas mitológicas griegas, de que guardan la entrada de un lugar secreto y misterioso.

Atravesado el arco, el póster de una efigie egipcia en el Valle de los Reyes añade más misterio al lugar. Una vez dentro una mezcla de barrio chino y bazar árabe se bifurca en dos pasajes en forma de herradura que se intersectan justo enfrente de la efigie egipcia. El Pasaje Vilacrosse y el pasaje Macca construidos a finales del siglo XIX. Ambos pasajes unen Calea Victoriei con Lispcani.

Antes de convertirse en pasaje por necesidad se erigía allí una posada cuyos propietarios casaron a dos de sus hijas con el peletero Mihalache Macca y con Xavier Vilacrosse, aquitecto de origen catalán, que se convertiría en arquitecto jefe de Bucarest (1840-1850) proyectando los primeros edificios de estilo occidental en la capital. Como regalo de bodas recibieron cada uno una parte de la posada a la que pusieron sus nombres, los mismos que hoy se mantienen para cada uno de los pasajes.

La estructura actual en forma semicircular, construida en 1891 por Felix Xenopol, surgió por un lado para aliviar la aglomeración entre la zona comercial de Lipscani y Calea Victoriei y por otro lado por la construcción en la zona de un conocido hotel-burdel, propiedad de un empresario judío húngaro, llamado “Stadt Pescht” conocido por sus selectas fiestas diarias y sus bellas mujeres alemanas y húngaras. Con el fin de evitar pasar por delante de él se creo un acceso a la Banca Nacional desde Calea Victoriei a través de estos pasajes.

Las cúpulas de vitrinas transparentes y de colores le confieren una luz a veces rojiza a veces verdosa y la atmósfera generada por las luces recuerda a la de las películas del cine negro, a Chinatown y sus laberínticas calles o a una de las películas de Indiana Jones en la que recorres los estrechos pasajes de un país árabe esperando a que te sorprenda la aventura, esperando a que una horda de bandidos se te abalance.

Lo único que se precipita hacía ti son los pequeños barecitos amontonados de los que emana un olor dulzón a tabaco afrutado mezclado con las voces y el ruido de la gente en las terrazas. Forman un mosaico en zig-zag salpicado por alguno de los antiguos comercios que aún sobreviven al paso del tiempo congelados entre el humo y las risas de los clientes.

Los bares y restaurantes de esta zona no son muy grandes apenas unos metros cuadrados y un baño minúsculo una mezcla entre cutre y bohemio que te transporta por un segundo al Bucarest de finales del XIX y principios de XX, al pequeño París. Y te imaginas a literatos, músicos, aristócratas y trabajadores de la clase obrera rodeados de prostitutas y alcohol en timbas de cartas, bailando hasta el amanecer.

La mayoría de estos bares tienen un sótano al que se accede por un laberinto de pasadizos internos donde puedes encontrar habitáculos sin ventanas llenos de gente, música y diversión. Cuando accedes a uno de estos sótanos no puedes evitar pensar que quizá allí se reunían los disidentes políticos a redactar panfletos, miembros de la resistencia anticomunista tratando de cambiar su destino, judíos rumanos escondiéndose de los fascistas o incluso una banda de atracadores planeando su asalto a la Banca Nacional con la que seguramente estos pasadizos comunican.

Bares y restaurantes Egipcios, Húngaros, Chinos y Rumanos conviven en este pequeño espacio ofreciéndote un recorrido por diferentes culturas a tan solo dos pasos. Es un lugar ideal para pasar una sobremesa, para escapar del a veces estresante Bucarest y para disfrutar del verano con una narguile dejando volar tu imaginación.

 

 

 

2 Comentarios »

  1. Clara May 4, 2012 at 20:59 - Reply

    Cada vez que viajo a Bucarest no puedo por menos que ir a este Pasaje. El caer la tarde es un momento mágico con el cambio de tonalidades de las vidrieras que te hace sentir fuera del tiempo con un buen café una narguile con tabaco afrutado y una inmejorable compañía ,no se puede pedir más.

  2. Amy June 23, 2012 at 09:13 - Reply

    Los artículos firmados por Talía Delgado están siempre muy bien documentados, son a la vez claros, precisos, amenos y muchas veces adictivos. Pero éste en particular tiene algo más. Se nota que fue escrito con cariño. Pocos extranjeros, a lo largo de toda nuestra historia, han logrado sorprender las luces que nos definen e iluminar las sombras que nos bordean. Talía puede sentar cátedra entre muchos periodistas de fama ilusoria y poder desmesurado, pero ella se queda bajo los focos de su propio valor y su brillante inteligencia para observar y tomar apuntes. Más que periodista Talía Delgado es una cronista, es decir historiadora. Y ¡dejará huella!

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