Ana Blandiana: “Siempre diré lo que quiero decir y no me importa, ni me asusta que me condenen o me acusen de no ser politicamente correcta”.

Talía Delgado February 19, 2016 1
Ana Blandiana: “Siempre diré lo que quiero decir y no me importa, ni me asusta que me condenen o me acusen de no ser politicamente correcta”.

Foto: AB

Hablar de Ana Blandiana es hablar de la reciente historia de Rumanía. Autora de catorce libros de poesía, dos volúmenes de relatos fantásticos, siete de ensayos y una novela, su obra se ha traducido a veinticuatro lenguas. Poeta, escritora y activista, no solo forma parte de la memoria viva del país, sino que es además todo un emblema literario y social.

Nacida en 1942 en Timişoara, Otilia Valeria Coman toma el pseudónimo de Ana Blandiana de la aldea transilvana Blandiana, de donde era oriunda su madre. Su padre, profesor y sacerdote ortodoxo, fue represaliado y encarcelado por el régimen comunista y murió al poco de salir de la prisión.

Fue perseguida y prohibida por el régimen en tres ocasiones. Su primera prohibición fue en 1959 tras la aparición de su primer poema en una revista, lo que le impidió cursar estudios universitarios y publicar en el país hasta 1964 al ser considerada «hija de un enemigo del pueblo». La segunda se produjo en 1985 tras la publicación de un libro de poemas, por el que fue invitada a un recital en Londres y como no obtuvo el permiso del régimen para acudir al recital, los organizadores grabaron sus poemas en una cinta y la difundieron a modo de protesta. La última prohibición y la más grave fue cuando todos sus libros fueron retirados de las bibliotecas e incluso se intentó eliminar cualquier tipo de referencia cultural a sus obras o persona; se produjo un año antes de la caída de Ceaucescu a raíz de la publicación de un poema infantil titulado El gato cebollino, que caricaturizaba al dictador y criticaba su gobierno.

Pese a las prohibiciones, la censura, la soledad y la persecución de la que fue objeto, Ana Blandiana nunca abandonó Rumanía; prefirió quedarse y resistir escribiendo. Como ella misma afirma: «Escribir fue mi forma de resistir, de seguir adelante».

Nunca ha dejado de estar comprometida con la sociedad, con los derechos humanos y los acontecimientos de su época, ya sea a través de sus escritos, mediante su participación directa en la transición democrática del país o su contribución al desarrollo de la sociedad civil rumana.

Tras la caída del Comunismo su tesón en la recuperación de la memoria histórica y su condena a las atrocidades del régimen la llevaron a crear en 1993 el Memorial de Sighet1, el primer memorial en honor a las víctimas del Comunismo. Actualmente preside la Fundación Academia Cívica2, de la que también es fundadora; dicha fundación acoge el proyecto del Memorial de Sighet y se ocupa de rescatar testimonios, recabar datos sobre la represión comunista, publicar estudios, hacer exposiciones y dar charlas para que lo que sucedió durante el régimen comunista no caiga en el olvido.

Al español se han traducido hasta ahora tres de sus libros: la antología poética bilingüe Cosecha de Ángeles3 y dos de prosa fantástica: Las cuatro estaciones y Proyectos de pasado4.

Las cuatro estaciones (1977) y Proyectos de pasado (1982) retratan, en dos momentos diferentes de su vida, la progresiva pérdida de la identidad individual en la sociedad rumana y cómo la fantasía, con tintes de realidad, ayuda a mantener esa individualidad y a contar entre metáforas aquello que está pasando. Blandiana narra, a veces en primera persona, cómo poco a poco el individuo se difumina hasta convertirse en masa y cómo mostrar un resquicio de fantasía se transforma en la única forma de sobrevivir al acontecer de los hechos.

Sus libros y poemas, perseguidos por la censura, circulaban en samizdat5, de mano en mano en copias manuscritas, ayudando a que otras personas mantuvieran ese resquicio de individualidad, de fantasía realista que les diera esperanza.

 ¿Cuándo sintió por primera vez la necesidad de escribir?

Empecé desde muy pequeña. Cuando tenía seis años, en la escuela la profesora nos dijo que contáramos qué habíamos hecho durante las vacaciones de verano. Aquel verano yo había recibido un regalo, un libro de poesías de Coşbuc, un escritor rumano de principios del siglo XX, que me había encantado. El libro tenía en cada página una estrofa acompañada de dibujos y me llamaba la atención porque a diferencia de los libros de mi padre, que estaban repletos de páginas escritas, mi libro tenía solo pequeños textos y muchos dibujos. Así que le pregunté a mi padre por qué mi libro era así y mi padre, para evitar más preguntas mías, me dijo: «Así es la poesía». Tras esta afirmación yo me quedé con la idea de que si escribes poesía, escribes menos texto.

Nuestra profesora nos dijo que teníamos que escribir dos páginas y el que acabara antes podía salir al recreo. Le pregunté cuántas páginas tenía que hacer si escribía en verso y ella me respondió que si era capaz de escribir en verso entonces una sola página. Escribí una página y salí la primera al recreo. Así me inicié en la escritura, aunque desde que recuerdo, siempre, incluso antes de aprender a escribir, me encantaba hacer juegos de palabras, rimas…Creo que siempre estuvo ahí ese deseo de escribir y que quizá de alguna manera estaba predestinada a hacerlo.

En general, usted es conocida por su obra poética. ¿Qué la determinó a escribir prosa fantástica como la de Las cuatro estaciones y Proyectos de pasado?

En primer lugar, la necesidad de contar las cosas de un modo más concreto. Tenía el sentimiento de que si introducía en la poesía elementos de la realidad dramática que me rodeaba la iba a perjudicar. Es como si pones en un barco de papel algo pesado; al final se hunde, y este fue uno de los motivos. Otro, que funciona incluso ahora, es el hecho de que nunca he sentido que cuando escribo poesía esta depende de mí. Y nunca he sabido si después de escribir un poema voy a ser capaz de volver a hacerlo, todo tiene un aire mágico.

Muchas veces me sucede que encuentro en mis manuscritos errores de letras, confusiones entre consonantes como «p» y «b» y no tengo ninguna explicación, salvo que la poesía es algo que viene de más arriba, y que quizá tal y como viene algún día desaparecerá.

No me considero una escritora profesional porque escribo poesía, soy una escritora porque escribo prosa, ensayos, porque me siento y escribo cinco horas, me paro y al día siguiente leo la última frase y continúo. He soñado con ser también escritora, no solo poeta, a pesar de que evidentemente ser poeta es más que ser escritor.

Si Las cuatro estaciones es más críptico, metafórico y pone en contraste las partes bellas de la vida con el ambiente gris y opresivo del régimen, Proyectos de pasado prescinde de las metáforas y utiliza un lenguaje más directo, más rabioso, abierto, explícito y en ocasiones incluso de denuncia. Incluye en este libro dos relatos especialmente duros: por una parte, está aquel en el que su padre se ve obligado a quemar libros para evitar las purgas y, por otra, está la deportación al campo de trabajo de Bărăgan6 de los invitados a una boda. ¿A qué se debe este cambio de estilo entre ambos libros? ¿Qué le hizo incluir estos episodios en Proyectos de pasado?

Proyectos de pasado es un libro que contiene algunas de mis obsesiones basadas en la realidad. La parte real es la historia de los sucesos de Rusalie7 negre. La noche de Rusalie de 19518 fueron arrestadas 400.000 personas por el simple hecho de vivir en una franja del territorio fronterizo de 25 km entre Rumanía y Yugoslavia justo en el momento en el que Tito rompió las relaciones con Stalin. Se procedió a su deportación a la estepa de Bărăgan, similar a la estepa siberiana, para evitar la posible influencia que esto pudiera tener en Rumanía. Estas personas fueron abandonadas en medio del campo, donde pudieron sobrevivir el primer invierno gracias a unos agujeros que habían hecho en el suelo.

Cuando yo escribí este episodio del libro, no sabía absolutamente nada sobre este asunto. Mi marido descubrió estos hechos y escribió un libro e hizo unas exposiciones al respecto años después de la publicación del mío. Lo único que sabía, y quizá es el punto de partida del relato, era una historia que Mircea Martin, gran crítico literario y coetáneo mío, me contó. En su pueblo vieron arrestar a algunas personas y entraron en una casa donde se estaba celebrando una boda. Su intención no era arrestar a todos los invitados, sino solo a los habitantes del pueblo, pero al final detuvieron a todos, lo cual es una situación superrealista y en cierta medida fantástica, pero mi novela va en la dirección de Robinson Crusoe, de cómo han sobrevivido reinventando una realidad mejor que la que existía en aquel momento en la sociedad, hasta tal punto que cuando fueron liberados les resultó muy difícil regresar.

A lo largo de su carrera, el régimen comunista tuvo diferentes comportamientos con usted. En determinadas situaciones fue censurada y sus libros prohibidos, luego llegó a prohibírsele viajar y estuvo incluso bajo vigilancia policial. ¿Cómo logra uno llevar una vida normal en estas circunstancias? ¿Qué la ayudó a que el ambiente opresivo no la derrotara? ¿Cómo influyó este período en sus escritos?

Todo este período me ha influido en gran medida debido principalmente a que, existiendo la censura, cada frase publicada significaba una pequeña victoria. Mi mayor miedo durante este período no era que me pasara algo, ni que me encerraran, sino caer víctima de la autocensura. Porque como escritor en esa época sabías qué se podía y no se podía publicar y poco a poco caías en la tentación de suprimir partes de tus escritos.

Por ejemplo, uno de mis libros, El cajón de los aplausos, fue un libro que inicié sin pensar siquiera en publicarlo, en el que desde el principio me dije que iba a escribir sobre todo lo que siento, sobre lo que quiero, sin omitir nada, sin pensar en qué podía o no podía aparecer, y siempre estuve convencida de que sería un libro póstumo porque nunca creí que llegaría a vivir más que Ceaucescu.

Hoy en día me asusta enormemente el concepto de «políticamente correcto» tan extendido a nivel global; para mí es absolutamente idéntico a la autocensura. Esta fue durante el Comunismo mi principal lucha y lo sigue siendo. Creo que es un pensamiento acertado, tengo una mentalidad humanista y no acepto que nadie me diga «no puedes hacer esto o lo otro» y siempre diré lo que deseo decir y no me importa ni me asusta que me condenen o me acusen de no ser «políticamente correcta».

El mayor período de libertad para nosotros fue entre 1964 y 1972, porque a partir de 1972 el régimen de Ceaucescu se endurece tras sus visitas a China y a Corea, donde su mujer, Elena, descubre que fue la mujer de Mao la iniciadora de la Revolución cultural y que ella es más conocida en China que el propio Mao. Así que comienza a pensar que es necesario que ella se implique más en el gobierno de Rumanía. Por su parte, Nicolae Ceaucescu descubre el culto a la personalidad durante su visita a Corea del Norte y decide exportar el modelo a Rumanía. Será entonces cuando comience el endurecimiento paulatino del régimen.

Antes de ese endurecimiento recibíamos en nuestra casa, aún no se cómo encontraban nuestras direcciones, invitaciones por parte de organizaciones de países occidentales para participar en diferentes eventos.

En esa época empezamos a recibir las revistas Le Nouvel Observateur y L’Express de Francia; para nosotros desde el punto de vista cultural significaba mucho. Eran dos revistas, una socialdemócrata y otra de derechas, que contenían información de un mundo que nosotros desconocíamos hasta el momento. También comenzaron a llegarnos invitaciones a diversos festivales. Para poder salir del país en aquel período todos los rumanos necesitábamos un visado de salida, lo que resultaba absurdo. Normalmente, para obtenerlo yo tenía que ir o bien a la Unión de Escritores a decirles que llevaran a cabo las formalidades necesarias para solicitar el visado, o bien ir personalmente con la invitación a solicitarlo. La suma máxima que podías cambiar de divisas eran cinco dólares, así que te ibas a otro país con cinco dólares en el bolsillo, pero uno estaba tan feliz de salir que ni siquiera eras consciente de que ese dinero no te llegaba para nada, porque entonces el dinero importaba poco, en Rumanía no podías hacer nada con él.

Durante esos años he podido ir a muchos sitios. Fui por primera vez a París, donde nos invitaron al primer festival de poesía al que asistieron no solo los escritores invitados, sino también los exiliados. Así que por primera vez los que veníamos de los países del Este comunista nos reencontramos con los que habían huido y fue un encuentro muy emotivo. Por primera vez les puse cara a personas de las que tan solo conocía su nombre o la voz de sus intervenciones en Radio France, Radio Europa Libre o BBC, pero no les había puesto cara hasta entonces. Y literalmente nos abrazamos y lloramos juntos. París no existía para mí; entonces mi gran emoción era que había conocido a Cioran y a Ionesco.

El regreso a Rumanía era siempre dramático. Y lo era más aún cuando me acompañaban a la estación los exiliados para despedirme. Era desgarrador el sentimiento de pena que teníamos los unos por los otros. Ellos porque regresábamos a Rumanía y nosotros porque no podían regresar. Eran conscientes de ello y resultaba muy trágico. Supongo que para otros países ha sido algo muy parecido. Quizá haya pueblos con raíces menos dramáticas, pero todos los que conozco del exilio han vivido vidas esquizofrénicas porque vivían en el recuerdo.

Yo decidí no irme, y siempre he estado absolutamente convencida de que, si lo hubiera hecho o si alguna circunstancia me hubiera empujado a irme de Rumanía, me habría podido conducir al suicidio. La atmósfera del exilio era insoportable, igual que en todos los exilios que he tenido ocasión de conocer, como el polaco o el ruso; era una atmósfera irrespirable, con peleas…Era una cárcel que no se ve y por la que ellos habían optado. Y cuanto más cambiaba el régimen, más dramático era para ellos.

Recuerdo que en 1989, tras la caída del régimen, para ellos fue terrible regresar a un país que desconocían, que nada tenía que ver con el que habían dejado y donde ellos como escritores habían perdido su sitio, porque aquellos escritores que se habían quedado y habían luchado contra la censura, unos veinte, tenían un público enorme, porque en esos años de Comunismo un escritor tenía la misma fama que un cantante de rock.

Mi último recuerdo antes de ser prohibida por tercera vez en 1988 es un acto que tuvo lugar en Piatra Neamţ, donde tenía que asistir a un encuentro en una biblioteca pública y llegué casi una hora antes de que empezara. Enfrente de la biblioteca había una multitud, unas cincuenta o sesenta personas, y yo quería entrar al edificio, y ellos me preguntaron riéndose: «¿A dónde va?». En aquellos años no había televisiones u otros medios, quitando los oficiales del partido en los que solamente aparecían Ceaucescu y su mujer. Los rostros del resto no eran conocidos. Yo les respondí: «Al encuentro con Ana Blandiana», y ellos me dijeron que no se podía entrar, a lo que respondí: «Entonces no tendrá lugar, porque yo soy Ana Blandiana». En aquel momento se produjo una situación yo diría surrealista en la que la gente de fuera y la de dentro negociaban para que salieran unos cuantos y que pudiéramos entrar. Los de dentro no quisieron y los de fuera decidieron que me subiera en una mesa en la entrada, cosa que no sucedió.

Al poco tiempo fui prohibida y este recuerdo tan luminoso me ayudó a soportar la presión psicológica, porque tenía el sentimiento de que me apoyaban aquellas personas que hacían cola y se peleaban por entrar a verme. Por este mismo motivo la transición hacia la libertad ha sido muy dura, no solo para mí, sino también para todos los demás escritores. Ha sido muy duro aceptar y entender que, en libertad, nuestra palabra ha perdido fuerza y que lo que dice un escritor tiene menos importancia que antes.

Esta entrevista fue originalmente publicada en el monográfico dedicado a las relaciones culturales hispano-rumanas de la revista intercultural Nexo editada por el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias.

3 Ana Blandiana, Cosecha de Ángeles, Colección Cosmopoética, Juan de Mairena, Córdoba, 2007.

4 Ana Blandiana, Las cuatro estaciones, Periférica, Cáceres, 2011; Proyectos de pasado,Periférica, Cáceres, 2008.

5 <http://es.wikipedia.org/wiki/Samizdat>.Samizdat

6 Deportaciones de Baragan

7 Rusalie: Celebración religiosa cristiana con antiguos orígenes mitológicos, que proviene de rituales en memoria de los muertos y que normalmente se celebra cincuenta días después de Semana Santa.

 

 

Un comentario »

  1. Rosmiten February 26, 2016 at 12:05 - Reply

    Estupenda entrevista y estupenda escritora
    FELICIDADES HISPATRIADOS

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