José Miguel Viñals: “Creo en este país, creo en mi proyecto y creo en lo que estoy haciendo”

Talía Delgado October 30, 2013 1
José Miguel Viñals: “Creo en este país, creo en mi proyecto y creo en lo que estoy haciendo”

Foto: RB

De trato afable y maneras aristocráticas José Miguel es una persona que te otorga toda su atención y te escucha con los cinco sentidos. Cercano y buen conversador, carece de prejuicios y es capaz de ver a la persona más allá de su nacionalidad o experiencia.

Utiliza frases cortas, busca el argumento y palabra justa respondiendo con precisión a las preguntas, sonriendo siempre al inicio y final de cada respuesta. Domina 8 idiomas, no tiene tele, es un apasionado del arte, de la buena mesa y de la conversación. Le gusta compartir sus conocimientos y visión de la vida y negocios en Rumanía a través de su blog, Rumanía Empresarial y de los artículos que publica en el periódico La Vanguardia.

José Miguel cuenta con una amplia experiencia empresarial y sobre todo intercultural adquirida a lo largo de sus diferentes destinos internacionales. Aúna su visión empresarial con su implicación social y cultural y considera que el empresario debe implicarse en el lugar en el que vive e invertir en su desarrollo y no sólo en su negocio. Es una persona de equipo a la que le gusta cooperar más que competir.

Recién nombrado Cónsul Honorífico de España en Timişoara este empresario barcelonés llegó a Rumanía hace cinco años.

Casi toda mi carrera profesional ha transcurrido fuera de España y tras muchos años en una multinacional americana, como director financiero para el sur de Europa, viviendo en varios países durante períodos muy largos deseaba seguir viviendo fuera. En el 2006 se empezaba a hablar mucho de Rumanía por su incipiente entrada en la Unión Europea (UE) y en aquel momento realmente deseaba comenzar una actividad propia en la que Rumanía se planteaba como una opción más.

No conocía nada del país. Llegué por primera vez a Bucarest a principios del 2007, era invierno, estaba todo nevado, había un caos impresionante, hacía un frío horrible y por su fuera poco el taxista que me trajo desde el aeropuerto me desplumó. Tras esa primera impresión, que guardo aún fresca en la memoria, me dije que no me interesaba.

Un amigo me presentó a un chico de Timişoara que vivía cerca de Barcelona y me dijo que Timişoara era distinta. Me fui para allá en abril y todo era muy distinto. Aparte del clima, era una ciudad mucho más asequible que Bucarest y con mucho potencial industrial que era lo que a mí me gustaba mucho.

En Bucarest las primera ofertas que me hicieron fueron para entrar en el mundo inmobiliario, en Timişoara este sector no estaba tan desarrollado y no había ninguna empresa española allí seguramente porque desconocían el potencial de la zona, así que lo estuve estudiando y me arriesgué a intentarlo.

En el 2008 llegó la crisis lo que complicó un poco la situación. Teníamos ya un par de proyectos que se bloquearon y no sabíamos que iba a suceder pero como España también sufría los efectos de la crisis decidimos seguir adelante con una actividad de consultoría que continua a fecha de hoy.

Me decidí por la consultaría porque era mi campo de trabajo. Era consciente del riesgo de ponerte de consultor en un país del que sabía muy poco y al que acababa de llegar. Tenía muy claro que los dos primeros años de actividad iban a ser básicamente de estudio con el fin de adquirir un conocimiento básico. Asimismo era consciente que lo realmente importante era formar un buen equipo de trabajo.

Después de todo este tiempo creo que conozco bien muchos de los aspectos que pueden influir en el campo empresarial y tengo un equipo si cabe más profesional que el que tuve al principio. Ahora me siento muy seguro de las actividades que hacemos.”

Pese a que las primeras impresiones del país no habían sido muy halagüeñas, había algo que le atraía; por un lado el hecho de que Rumanía era un país emergente con posibilidades de desarrollo en el sector industrial y por otro la oportunidad de descubrir una cultura nueva.

Yo tengo una vertiente empresarial, que es lo que me empuja y lo que me mueve, pero también tengo una enorme curiosidad cultural. Estas dos facetas mías encajaban perfectamente con lo que me encontré en Rumanía en aquel momento. Lo que vi fue un país con un enorme potencial de desarrollo, que aún tiene que despegar ya que la crisis lo ha ralentizado; vi una posibilidad para enriquecerme como persona y profesional, eso fue un aliciente. Si simplemente hubiese visto la parte económica posiblemente con el inicio de la crisis habría tenido menos motivos para quedarme pero me entusiasmó Banat, la región en la que estoy y cuya capital es Timişoara. Me atrajo la enorme riqueza cultural, la importancia histórica que tiene en Europa y quise aprovechar que estaba ahí para profundizar en otras cosas, aparte de la empresa que era y sigue siendo mi primer objetivo”.

Fue ese deseo de conocer el país y de iniciar una nueva aventura lo que unido a su larga experiencia viviendo en varios países hizo que su integración fuera más sencilla.

Nunca he ido a ningún sitio con prejuicios. Estuve viviendo ocho años en París, luego pasé un período de tiempo en EE.UU y cuatro años en Milán. Mi máxima siempre fue integrarme, aprender el idioma lo más rápidamente posible y hablarlo lo mejor posible. Tienes que hacer un esfuerzo porque a fin de cuentas, yo soy el que va a su casa y el que debe hacerlo. Eso ayuda, además la gente te lo agradece.

Al final todos somos iguales, personas con las mismas motivaciones y deseos y no existe razón alguna en el mundo para discriminar a una persona por su origen, creencias o color. Que luego esa persona actúe mejor o peor es otra cuestión y el baremo por el que lo juzgaremos.

Lo que más me ayudó a adaptarme fue mi disposición a hacer el esfuerzo porque lo que no podía esperar es que los demás me solucionaran la vida. Yo no era nadie cuando víne aquí y entonces tuve que esforzarme por entender el país. Luego mis empleados me ayudaron mucho y tengo un equipo que me ayuda continuamente y en el que confío plenamente.

A veces hay partes negativas de vivir en otros países, como por ejemplo que piensen que porque seas extranjero automáticamente tienes mucho dinero. Al principio como tampoco te manejas pagas algunas novatadas y qué le vas a hacer, es lo que hay. Son experiencias que yo mismo tuve al principio y me salieron caras en ese momento. Eso pasa porque no todo el mundo que te rodea es correcto como piensas que va a ser y pringas.

Uno empieza a establecerse, a montar un negocio fiándose de la gente que te dice vete a tal abogado, a tal otro y es ahí donde corres riesgos importantes porque a veces están a tu lado sólo mientras vean un dinero. Así que uno comienza un negocio cometiendo muchos errores, al menos cuando vienes sólo. En mi caso no encontré absolutamente a nadie que me pudiera orientar. Había gestorías, consultorías pero no obtenía el asesoramiento personalizado que quería recibir y que es el que intento dar.

Por otro lado también hay que entender que mucha gente ha venido a Rumanía con ánimo lucrativo y explotador, muchos de ellos empresarios. En mi zona muchísimas empresas de distintos países latinos han venido para dar el pelotazo e irse y eso ha generado una desconfianza hacía el inversor, lo cual es de entender y a veces hay cierta reticencia.

Todavía me encuentro con personas que se preguntan,¿este señor qué hace aquí y qué quiere?, pero no con curiosidad sana sino buscando la trampa, pensando que escapas de algo jajaja porque cuando dices que has vivido en varios países, que eres de España y que vives en esta ciudad suelen decirte, ¿qué se te ha perdido?. Entiendo la pregunta pero no la comparto por muchas razones.

Me costó mucho empezar, no fue fácil porque salir de un ambiente en el que eres un alto directivo en una empresa americana, con un supersueldo y donde los hoteles no bajan de cuatro estrellas a iniciar la aventura de montar tu propia empresa en un lugar que desconoces, donde las calles no están asfaltadas, en el que difícilmente encuentras a alguien para hablar de un montón de temas ese núcleo de gente con el que puedes compartir cosas y reunirte. Al principio dices ¡uff! estoy fuera de sitio, ¿qué estoy haciendo aquí?. La primera crisis la tienes tú mismo y dudas muchísimo, no sabes si haces bien si haces mal. Hoy en día aún tengo amigos que me dicen vete o vuélvete pero no, yo creo en este país, creo en mi proyecto, creo en lo que estoy haciendo y el resultado se está viendo. Algo habré hecho bien para que me acaben nombrando Cónsul Honorífico de España en Timişoara.”

Una vez asentado en el país sintió que para integrarse completamente tenía que poder contribuir al desarrollo del país comprometiéndose socialmente más allá de su negocio.

Nuestro compromiso social es más allá del beneficio empresarial. Lo tuvimos claro desde el principio y es algo que chocó mucho porque en ese momento no existía un programa social dentro de una empresa de este tipo. Nuestro programa ha llegado a tal nivel que a veces en los medios se refieren a mi como “el hombre de cultura J.M Viñals” jajaja. A mí me gustaría más que me dijeran “el hombre de negocios JM Viñals” jajaaj, pero se agradece mucho esa presencia.

Me gusta hacer cosas y ver que lo que hago tiene cierto efecto. Somos una empresa pequeña y este reconocimiento por parte de la sociedad, de las autoridades rumanas y españolas, sería más difícil en una gran ciudad donde hay mas eventos y empresas con más dinero. Desde ese punto de vista estar en Timişoara obviamente en mi caso ha jugado a mi favor”.

Considera que Rumanía está cambiando poco a poco y aunque hay todavía cosas que mejorar a él personalmente asentarse aquí le ha traído importantes ventajas. Es más, en todo este tiempo no recuerda haber tenido ninguna mala experiencia significativa.

Rumanía me ha ofrecido a mí un campo virgen para la empresa española. Me ha ofrecido un reto muy importante y difícil porque llamar la atención en España sobre un país que es desconocido, que no tiene buena fama y del que lo que se suele conocer es, en la mayoría de los casos, un estereotipo negativo hace que sea una labor muy complicada.

Rumanía es un país seguro donde no he visto ni me he sentido en situación de peligro; evidentemente que pasan cosas pero no hay el grado de delincuencia que pueda haber en otros países. Aquí todo depende del prisma con el que quieras ver al país. Puedes pensar negativamente, aquí no hay nada o positivamente, aquí no hay nada, entonces hay campo de acción. Y verás una oportunidad o un obstáculo dependiendo de tu carácter y de los recursos que estés dispuesto a invertir.

Muchas veces las empresas españolas por falta de financiación o por no entender lo que implica un proceso de externalización no vienen preparadas para comprender que para poder recibir beneficios hay que invertir primero. Vienen pensando que sus productos al ser españoles se venderán muy bien sin saber que aquí hay de todo a nivel de consumo. Por tanto el que quiera entrar debe invertir tal y como haría en otro país e incluso menos porque es más barato. No vale querer externalizar sin invertir.

A una empresa española le cuesta entender que tengas un plan de negocio en el que durante los cinco primeros años no se repartan dividendos. La gente quiere venir y tener caja mañana cosa que no pasa ni aquí ni en ningún lado. Hay empresas que llegan exhaustas de la crisis y no se pueden permitir no tener beneficios desde el principio porque de su éxito aquí depende que les vaya bien en España. Y ese tipo de empresas es mejor que no vengan porque no van a tener capacidad de sobrevivir ni aquí ni allí salvo que tengan un golpe de suerte.

Por supuesto que hay muchas cosas que se pueden mejorar en Rumanía, como pasaba en España hace años o ahora mismo. Los rumanos son muy abiertos de mente, son también muy vivos y se adaptan rápidamente a las situaciones cambiantes. No me gusta que muchos intenten esconder que son rumanos por la mala fama lo cual deja el campo libre a los verdaderos delincuentes que son los que al final dan la mala fama ayudados por la prensa. Debería de haber un orgullo de ser rumano pero le pasa como le pasaba a España hace años y todavía le sigue pasando un poco.

No me gusta el negativismo propio de la gente y su capacidad de autodestrucción ya que son los primeros perjudicados. Siendo crítico, no me gusta el poco sentido estético y cívico que se tiene, como que tiren las cosas al suelo o que se tire la basura en cualquier lado. Me molesta también el autodesprecio y la falta de respeto a sí mismos. Tampoco me gusta que haya gente esperando “un algo” por cumplir con su obligación cosa que también pasa en España y tampoco me gusta, por eso no participo.

Me gusta que la gente joven está cambiando cosas en Rumanía con buenas estrategias y con voluntad y tienen otro tipo de educación. No actúan como sus mayores, no tienen el complejo de inferioridad. Tengo empleados que están orgullosos de serlo y les enfada que otros critiquen el país pero a veces también hay que aceptar las críticas constructivas.

Hay muchísimas cosas que me gustan de Rumanía, me gusta la gente, me gustan las ciudades y su historia, la riqueza cultural del país que hay que preservar. Me gusta la belleza paisajista y naturaleza que tiene. Más allá del potencial turístico, es un país fabuloso para perderse y ver cosas fantásticas. Esperemos que se preserve así.”

José Miguel está deseoso de iniciar su nueva aventura como Cónsul Honorífico al tiempo que disfruta del continuo reto que le supone vivir en un país como Rumanía. Una auténtica caja de sorpresas que nunca permite a uno aburrirse. Justamente ese punto entre difícil y sorprendente de Rumanía que inicialmente le atrajo es el mismo que le estimula a diario.

 

 

Un comentario »

  1. Estephanie November 3, 2013 at 14:39 - Reply

    Hispatriados me gusta la entrevista, es reconfortante ver que existen empresarios con visión social.

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