Un metro

Talía Delgado March 15, 2019 0
Un metro

Foto: StirileProtv

Hoy se ha inaugurado el primer metro de autovía de Moldova, el hecho en sí parece insignificante si no fuera porque ha sido un ciudadano el que ha invertido su propio dinero para hacerlo, harto de pasar horas en el coche por carreteras destartaladas, harto de ver accidentes, harto de promesas incumplidas por parte de gobernantes locales y nacionales en los últimos treinta años.

Este ciudadano se llama Ştefan Mandachi un empresario de Suceava que en menos de dos semanas ha logrado que se sumen a su campaña Șî eu (yo también) empresas, individuos, sindicatos de varios gremios, asociaciones profesionales, estudiantes, ayuntamientos, deportistas y personalidades públicas, perfilando así lo que ha culminado en un gran parón colectivo y una protesta sin precedentes dada su originalidad.

Todo comenzó con un mensaje en las redes sociales en las que a través de un video exponía la situación y lanzaba el mensaje de “yo también soy responsable de lo que no se hace en mi país” decidido a dar el primer paso anunció que el 15 de marzo iba a inaugurar el primer metro de autovía. Asimismo convocaba a un parón de 15 minutos a las 15.00 de ese mismo día. El mensaje fue viral y de gran éxito y hoy el parón ha sido secundado por decenas de miles de personas, incluyendo a las Embajadas de Dinamarca y Suecia, a los representantes de la CE en Rumania y al Ministro de Finanzas, mientras a esa misma hora en la localidad de Cumpărătura, en Suceava, Ştefan Mandachi inauguraba el primer metro de autovía de la región de Moldavia.

Las reacciones públicas no se han hecho esperar dada la expectación existente y el grado de seguimiento de la protesta. El presidente del país Klaus Iohanis se solidarizaba con los protestantes mientras que por su parte el líder del Partido Social Demócrata, Liviu Dragnea, visiblemente enfadado en su comparecencia ante los medios, calificaba a Mandachi de “payaso, espabilao y oportunista” y declaraba que “habrá construido un metro pero nosotros hemos desarrollado un país” y le recomendaba donar el dinero invertido a un orfanato donde sería más útil.

El 90% de las carreteras nacionales rumanas tienen un carril por sentido, Rumania comenzó a construir sus autovías en 1967 y actualmente cuenta con 750 km de autovía funcionales. De entre ellos unos 570 km fueron construidos después de 1990, a precios más elevados que la media europea y con una calidad inferior a estos, y su coste ha superado los tres millones de euros sin contar mantenimiento y reparación. Muchos otros millones de euros se han malgastado en estudios de viabilidad que posteriormente han sido abandonados al cambiar los partidos en el poder. De medía se construyen menos de 15 km anualmente. La UE otorgó a Rumania para el período 2014-2020, 6,3 billones de euros para desarrollo de infraestructuras si bién los proyectos que se llevan a cabo actualmente corresponden al período anterior 2007 – 2013 que aún no habían sido finalizados.

La incómoda sociedad civil

Muchos son los que han secundado la simbólica protesta y otros muchos los que parecen molestos por el éxito de la misma. Las protestas son un fenómeno reciente en el país y quizá hayan tomado más fuerza a raíz de las masivas manifestaciones de Piaţa Victoriei que se vienen sucediendo en los últimos dos años en contra de la corrupción y apoyo a la independencia de la Justicia. En los últimos meses ha habido más protestas en esta dirección como la de los magistrados y empleados de los juzgados a raiz de los nuevos intentos de reformar determinadas leyes que afectan a su independencia, protestas a las que se han sumado colectivos de actores, estudiantes y otros sectores que antes permanecían al margen.

Hace poco el candidato de un recién creado partido político detenido por corrupción y con causas pendientes amenazaba públicamente con crear patrullas ciudadanas que dieran una lección a los que protestan en la plaza y les quitaran las ganas de armar jaleo concretamente remarcaba su falta de respeto a las autoridades e instituciones. Declaraciones desafortunadas cuando aún existe una investigación abierta sobre la fuerza excesiva empleada por la gendarmería rumana durante las protestas pacíficas del pasado 10 de agosto durante las cuales determinadas instituciones públicas crearon de antemano un plan de intervención que no corespondía con la situación real de protesta pacífica que se vivió en la plaza y dieron onda verde a intervenir con fuerza plena tal y cómo sólo se haría en una situación de extrema violencia o graves disturbios que no fue el caso porque la plaza estaba llena de ciudadanos ejerciendo sus derechos, entre también ancianos y niños.

Desde que comenzaron las protestas, los ciudadanos han comenzado a hablar en voz alta, a organizar campañas, grupos de protesta, recoger firmas, presentar iniciativas ciudadanas, en definitiva a presionar y exigir que su Gobierno cumpla con su papel, que mantenga una justicia independiente y no intenten a través de reformas legislativas, que contravienen en la mayoría de los casos la Constitución y la normativa europea e internacional, dinamitar la independecia de la justicia para evitar las causas que la mayoría de cargos del partido en el poder tienen abiertas o pendientes de sentencia.

La sociedad civil rumana se ha dado cuenta de que es necesario seguir protestando no sólo por la independecia judicial, sino también en contra de la corrupción, que genera esa falta de hospitales, carreteras o escuelas. Parece ser que se ha transformado en el enemigo a batir por parte de los políticos que intentan denigrar a los representantes de estas protestas, amenazar, utilizar las multas o a la policía para reprimir manifestaciones pacíficas. A diario cargos políticos hacen declaraciones donde se amenaza abiertamente con expedientes, juicios, inspecciones fiscales, con cerrar ong´s, se habla con demasiada frecuencia de darles una lección. Ese tono belicoso denota que las protestas en cierta medida surten efecto, atraén la atención pública, dentro y fuera del país y esa visibilidad y que alguien te recuerde que eres un cargo público no parece ser del agrado del actual gobierno y clase política en general acostumbrados a campar a sus anchas a hacer y deshacer a su antojo como si el país fuera su casa.

De momento se trata sólo de declaraciones, pero graves porque cuando los representantes públicos de un estado se permiten amenazar a sus ciudadanos significa que no entienden lo que la democracia y la libertad de expresión significan, cuando amenzan con tomar medidas para silenciar las calles el estado de derecho es el que se encuentra en peligro. Pese al miedo que intentan inculcar a quienes protestan, la gente sigue ahí, creando nuevos grupos, nuevas fórmulas. Es importante para cualquier democracia que sus ciudadanos protesten, que exigan sus derechos y pidan responsabilidad a sus políticos porque están allí para representar sus intereses y no para utilizar sus cargos en su propio beneficio.

Un metro puede parecer nada, pero es el inicio de algo, es un cambio de perspectiva, es una llamada de atención hacía un problema real, un cambio en la forma de pensar sobre la realidad que nos rodea, es el primer paso hacía algo concreto, es un mensaje claro, si vosotros no lo haceís lo haremos nosotros y suele decirse que la unión hace la fuerza.

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